Al séptimo día de su encierro Dionisio salió de su habitación totalmente rejuvenecido y con un viso de maldad en la mirada que antes nadie le había visto. El más tranquilo de los salvajes chicos Drake de repente recuperó el aplomo y nuevamente su sangre retomó el dominio de sus actos cuando por decreto nombró al retrato de Margarita de Anjou como su esposa oficial pese a las protestas de los miembros del Parlamento. Algunos consideraban aquello como un abierto acto de locura que un Presidente de Sabayón no se podía permitir. Otros creían que era una jugarreta más de ese muchacho, que como sus hermanos, jamás habían respetado absolutamente a nada ni a nadie. Había que hacer algo con Dionisio.
El primer ministro Casimiro Oliden guardó silencio ante la protestas del Congreso y secretamente apoyó a Dionisio en su decisión de tomar como primera dama a una mujer atrapada en una pintura. También se encargó de que nadie fuera con el chisme al viejo Bayard sobre las raras costumbres que había adoptado su heredero e hizo poner guardia armada en la puerta del coronel para que nadie se le acercase.
Como todo Drake, el Presidente llegó lo más lejos que pudo con sus extravagancias y aún quiso más. Cuando ya no fue suficiente dormir con la pintura y masturbarse mirándola, Dionisio comenzó a irse a dormir sin escolta entre los lodazales pestilentes del cementerio para tratar de soñarla en carne y huesos aunque sea por una vez. Después, eso tampoco fue suficiente y varias veces se escapó de su guardia personal por la noche para ir a romper ataúdes en el cementerio buscándola en la cara de cada muerto...
El día en que hablé con el Camba Florencio
Hace 15 años

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