Dionisio Drake había dejado de meterse en los problemas en los que se metían sus hermanos desde que se enamoró de una princesa que había visto retratada en el cuarto de un amigo pintor durante su primer viaje a París. No era un tipo interesante, ni siquiera inteligente, pero sí tenía un secreto. Al igual que Daniel, tenía su propio tipo de invisibilidad.
Alexa los veía crecer sin intervenir en sus vidas. Los veía como seres ajenos a ella, bichos que la habían usado para llegar a este mundo y luego hacer las cosas como si no hubiera nadie mejor que ellos sobre la faz de la Tierra. Vencida por las manías siempre violentas de los Drake, se aferraba cada vez más a la parsimonia reposada y casi femenina de Daniel. A esas alturas, el menos Drake de los muchachos ya pensaba en largarse de la casa, en renunciar a su apellido, a los honores y soñaba con volverse rico usando más la cabeza que los músculos. Antanas II se movía por la casa sin ser visto. Salía por la noche y llegaba de madrugada como si fuera una bestia nocturna que regresaba a su guarida después de haber estado de caza en el imperio de las tinieblas. Una madrugada volvió con el brazo sangrando y cuando abrió la ventana de la casa para entrar, después de pasar sin ser oído entre los perros y entre los guardias, se encontró con el Colt Walker de su padre apuntándole a la cara...
El día en que hablé con el Camba Florencio
Hace 15 años

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