jueves, 20 de mayo de 2010

SABAYONESES (FRAGMENTO-2)


Pese a que su familia había sido numerosa, a estas alturas de su vida solo le quedaba un hijo del que nunca había querido hablar. Daniel Drake no había montado jamás a caballo, no había peleado nunca con nadie: ni por mujeres, ni por jugar a las cartas, ni por borracho buscapleitos, ni siquiera tan solo porque sí, como lo habían hecho todos los Drake antes que él. El carácter de Daniel nunca había explotado en ninguna situación, no se había batido a puñaladas con maridos ofendidos, ni había tomado con besos o amenazas virginidades de ninguna especie; ni le había mentido a una chica para aprovecharse de ella, ni se había robado nunca a una mujer ni casada ni soltera, ni se le conocían hijos bastardos. No había sido soldado, ni contrabandista, ni periodista mercenario, ni aviador suicida de naves de prueba, ni nada que lo señalara como un miembro de la familia. El mayor de los hijos del coronel era la vergüenza, era la duda. El chico había desperdiciado su vida.

            —Ese no tiene mi sangre, si hasta marica parece.

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