Y llorando de impotencia como un chiquillo bajo esa lluvia de aguas negras, su corazón se volvió un manojo de porquería de vacas que ardía con las ascuas de la desesperación. Siempre había necesitado algo en qué creer, y ahora se negaba a rendirse a la evidencia de que se había enamorado de una ilusión. Una voz que no era la suya lanzó una carcajada tenebrosa dentro de su cabeza ante el tamaño de su derrota. El "otro" quería salir, pero a él aún le quedaban fuerzas para mantenerlo atrapado dentro de su propio cuerpo...
El día en que hablé con el Camba Florencio
Hace 15 años

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