martes, 25 de mayo de 2010

SABAYONESES (FRAGMENTO 6)

 Al séptimo día de su encierro Dionisio salió de su habitación totalmente rejuvenecido y con un viso de maldad en la mirada que antes nadie le había visto. El más tranquilo de los salvajes chicos Drake de repente recuperó el aplomo y nuevamente su sangre retomó el dominio de sus actos cuando por decreto nombró al retrato de Margarita de Anjou como su esposa oficial pese a las protestas de los miembros del Parlamento. Algunos consideraban aquello como un abierto acto de locura que un Presidente de Sabayón no se podía permitir. Otros creían que era una jugarreta más de ese muchacho, que como sus hermanos, jamás habían respetado absolutamente a nada ni a nadie. Había que hacer algo con Dionisio.
El primer ministro Casimiro Oliden guardó silencio ante la protestas del Congreso y secretamente apoyó a Dionisio en su decisión de tomar como primera dama a una mujer atrapada en una pintura. También se encargó de que nadie fuera con el chisme al viejo Bayard sobre las raras costumbres que había adoptado su heredero e hizo poner guardia armada en la puerta del coronel para que nadie se le acercase.
Como todo Drake, el Presidente llegó lo más lejos que pudo con sus extravagancias y aún quiso más. Cuando ya no fue suficiente dormir con la pintura y masturbarse mirándola, Dionisio comenzó a irse a dormir sin escolta entre los lodazales pestilentes del cementerio para tratar de soñarla en carne y huesos aunque sea por una vez. Después, eso tampoco fue suficiente y varias veces se escapó de su guardia personal por la noche para ir a romper ataúdes en el cementerio buscándola en la cara de cada muerto...

lunes, 24 de mayo de 2010

SABAYONESES (FRAGMENTO-5)


En el retorno a casa nos reencontramos con las aguas familiares del mar de los Cuchillos, pero lo vimos totalmente diferente al que habíamos conocido cuando estas costas aún eran bolivianas, antes de que los invasores de las Cuatro Naciones se lo cargaran a baldazos sobre sus ferrocarriles y se lo llevaran lejos para siempre. Sus nuevos dueños lo dejaban fluir nomás cuando pagábamos el alquiler por usarlo. Sí, pagábamos, y entonces el hueco que nos habían dejado en la tierra al momento de llevarse el mar en sus vagones de ferrocarril se volvía a llenar con ese adorable azul. Azul, igual que el color de las tizas con las que los profesores de escuela de Sabayón nos envenenaban la cabeza exigiendo que las nuevas generaciones de sabayoneses y santarroseños recuperásemos lo que las pasadas habían perdido...

sábado, 22 de mayo de 2010

SABAYONESES (FRAGMENTO 4)

Dionisio Drake había dejado de meterse en los problemas en los que se metían sus hermanos desde que se enamoró de una princesa que había visto retratada en el cuarto de un amigo pintor durante su primer viaje a París. No era un tipo interesante, ni siquiera inteligente, pero sí tenía un secreto. Al igual que Daniel, tenía su propio tipo de invisibilidad.
Alexa los veía crecer sin intervenir en sus vidas. Los veía como seres ajenos a ella, bichos que la habían usado para llegar a este mundo y luego hacer las cosas como si no hubiera nadie mejor que ellos sobre la faz de la Tierra. Vencida por las manías siempre violentas de los Drake, se aferraba cada vez más a la parsimonia reposada y casi femenina de Daniel. A esas alturas, el menos Drake de los muchachos ya pensaba en largarse de la casa, en renunciar a su apellido, a los honores y soñaba con volverse rico usando más la cabeza que los músculos. Antanas II se movía por la casa sin ser visto. Salía por la noche y llegaba de madrugada como si fuera una bestia nocturna que regresaba a su guarida después de haber estado de caza en el imperio de las tinieblas. Una madrugada volvió con el brazo sangrando y cuando abrió la ventana de la casa para entrar, después de pasar sin ser oído entre los perros y entre los guardias, se encontró con el Colt Walker de su padre apuntándole a la cara...

viernes, 21 de mayo de 2010

SABAYONESES (FRAGMENTO 3)

     El coronel, que había renunciado al exterior para refugiarse en la casa donde habitaban las sombras de sus seres más queridos, no se había dado cuenta aún de que estaba perdiendo el dominio de su propio mundo. Él no lo sabía, pero la casa se llenaba de alimañas de esta vida y de la otra: afuera, Aqueronte y su búsqueda del control de las cosas a través de la ciencia, representando a esos vivos que lo fastidiaban tanto. Adentro, el fantasma que quería hablarle; el enano invisible vestido de negro que lo había seguido desde el cementerio y le resollaba la cara para despertarlo; la imagen de Belle que, ahora en la vejez de él, aparecía ya no para golpearlo sino para cerrarle la boca mientras dormía. Lo arropaba en las noches de frío y lo abrazaba para confortarlo cuando lloraba dormido, víctima de alguna pesadilla. Bayard se pasaba al otro lado.
Desde su vuelta del cementerio Bayard Drake veía a la casa cada vez más grande mientras él se empequeñecía; los escalones de piedra se hacían más altos, las vigas de los techos estaban cada vez más distantes, los puños de las puertas aumentaban de tamaño y de peso, la ropa le iba quedando grande y sus pies ya bailoteaban dentro de sus botas de oficial. Darse cuenta de aquello le pareció gracioso, pero pronto olvidó tal revelación inundado por la fatiga que aún le quedaba tras su marcha al cementerio la tarde anterior. De ahí había vuelto cojeando por culpa de su bota sin tacón, sin un caballo que lo cargue, todavía incapaz de rendirse ante la evidencia de la modernidad, reacio hasta los huesos a subirse a esos trastos bulliciosos de cuatro ruedas que se llamaban ridículamente taxis y que eran manejados por cualquier bandido enaltecido solo por las virtudes absurdas de la democracia...

jueves, 20 de mayo de 2010

SABAYONESES (FRAGMENTO-2)


Pese a que su familia había sido numerosa, a estas alturas de su vida solo le quedaba un hijo del que nunca había querido hablar. Daniel Drake no había montado jamás a caballo, no había peleado nunca con nadie: ni por mujeres, ni por jugar a las cartas, ni por borracho buscapleitos, ni siquiera tan solo porque sí, como lo habían hecho todos los Drake antes que él. El carácter de Daniel nunca había explotado en ninguna situación, no se había batido a puñaladas con maridos ofendidos, ni había tomado con besos o amenazas virginidades de ninguna especie; ni le había mentido a una chica para aprovecharse de ella, ni se había robado nunca a una mujer ni casada ni soltera, ni se le conocían hijos bastardos. No había sido soldado, ni contrabandista, ni periodista mercenario, ni aviador suicida de naves de prueba, ni nada que lo señalara como un miembro de la familia. El mayor de los hijos del coronel era la vergüenza, era la duda. El chico había desperdiciado su vida.

            —Ese no tiene mi sangre, si hasta marica parece.

miércoles, 19 de mayo de 2010

SABAYONESES (FRAGMENTO)



Entonces el coronel Drake sintió que el cuarto de baño se llenaba de un frío extraño para esa época del año; un frío neutro y profundo de cadáver que le miraba con los ojos abiertos. De pie en un rincón del cuarto de baño, el fantasma intentaba hacerse ver con el viejo Bayard. Lo había intentado desde aquella noche en que el veterano soldado quedó por fin solo en las entrañas oscuras del caserón familiar construido por su padre con las piedras blancas que cayeron sobre Sabayón la primera noche en que nos llovieron estrellas. La casa, el corazón que mantenía vivo a Bayard era la casa.


El coronel no había nacido aún cuando la construyeron. Entonces, Sabayón era apenas una idea rabiosa en la cabeza de su padre Antanas. El primero de los Drake había desembarcado en estas tierras en plena fuga por amor con la única mujer que adoró con las entrañas. Pero al llegar a las orillas del río Maratay, donde finalmente fundó el pueblo, ella lo traicionó con…
Bajo amenaza de pena capital, nadie nunca en Sabayón pudo decir en público el nombre ni el origen de qué o de quién la sedujo, pero todos siempre lo supimos. En su lecho de muerte; ella, proscrita y deshonrada por la ira de Antanas, maldijo a los Drake augurándoles, a los del presente y a los del porvenir, sólo muertes violentas. Nadie pudo entrever entonces los efectos que esa maldición tendría sobre la descendencia del primero de los Drake. Nadie, sólo él.
La construcción de la casa sobre el lugar donde se consumó la infidelidad de Belle Almanegra fue el acto final con el que Antanas pretendió olvidarla para siempre. La casa aplastaría a la traición bajo el peso de sus cimientos. Con el paso de los años, el pueblo que levantó con sus manos por pura rabia, también se fusionó con el destino de su familia. Antanas estaba seguro de que los Drake nunca desaparecerían del planeta mientras exista Sabayón; su sangre seguiría mandando entre los vivos y los muertos de esta patria hijadeputa mientras la casa siga en pie, mientras Belle Almanegra siga enterrada boca abajo en lo más profundo de sus cimientos.

martes, 4 de mayo de 2010

SABAYONESES: ESCRITO DE CONTRATAPA, POR WOLFANGO MONTES...



Perspicaz periodista y novelista de opulenta imaginación, Darwin Pinto nos trae en su segunda obra de ficción la saga de la familia Drake. No es una novela para mojigatos y sensibleros. Para recorrer sus páginas debemos soportar el espectáculo de la violencia, del machismo sin frenos, del sexo energúmeno. Pero su lectura no es gratuita, nos lleva a las entrañas del poder y del comportamiento de los poderosos. El personaje central es el coronel Drake, un hombre de apetitos colosales y de voluntad titánica. Alcides Arguedas lo describiría como un caudillo bárbaro. En conversaciones con un fantasma recuerda la historia de su vida, que es la crónica de su nación, que es la leyenda de tantos caudillos barbaros que dominaron nuestra patria. Llega a las librerías en un momento en que necesitamos reflexionar sobre nuestro pasado, sobre todo porque se imbrica en el presente y se adhiere a nuestra piel como una sarna, de la que no podemos librarnos. La violencia, la concupiscencia, el alarde y la locura se repiten en Sabayoneses como si se tratara de un Eterno Retorno de la insensatez universal. Nos prende la respiración con su tonalidad airada, y cuando la historia parece haberse acabado, aparece el último vástago de la familia Drake, gordo y diferente de sus hermanos; no nos engañemos, entramos ya en la era capitalista, los caudillos bárbaros ahora se disfrazan de ciudadanos comunes.

Wolfango Montes